Martes 26 de Mayo de 2020
Fate

El mate como eje de conciencia social y ambiental

Esa es la visión de los fundadores de Guayakí, una empresa que trabaja con distintas comunidades en el cultivo de yerba mate, generando un producto orgánico que protege la Mata Atlántica

El mate como eje de conciencia social y ambiental
martes 02 de octubre de 2018

Fundada en 1996, Guayakí es una empresa que demuestra que se puede regenerar el ecosistema y defender la identidad cultural de las comunidades mediante la yerba mate.

Alex Pryor, fundador de la empresa, es un argentino que estudió Ingeniería de Alimentos en la Universidad Politécnica de San Francisco, en Estados Unidos. Como a muchos compatriotas, el mate lo acompañó durante toda la cursada. Su kit matero llamaba la atención de los estadounidenses, acostumbrados a consumir café.

Con el paso del tiempo, Pryor se dio cuenta que el mate le daba un valor a su identidad. Consciente de que los norteamericanos empezaban a mostrar más interés por los alimentos saludables, se entusiasmó por brindarles una alternativa al café. Solo restaba establecer de donde procedería el insumo principal.

Así fue como, en un viaje de visita a sus padres en Asunción, Paraguay, descubrió que existían remanentes de bosque atlántico donde la yerba mate crecía de forma natural, es decir, no como monocultivo. Esa Mata Atlántica estaba desapareciendo por obra de la desforestación, lo cual afectaba a las comunidades locales.

“El avance agrícola no consideraba en ningún momento la internalización de los costos de deforestar, y la conservación tampoco tomaba en cuenta los costos sociales, a aquellos que vivían del monte”, sostuvo Pryor, a la vez que señaló que “la selva solo era vista como flora y fauna. Las comunidades indígenas y los pequeños campesinos eran como una suerte de enemigo”.

Frente a esta problemática, Pryor se propuso trabajar junto a su socio, David Karr, con las comunidades locales en el cultivo de la yerba bajo sombra, pagándoles a los productores un precio adecuado. De esa manera, podían ofrecer al mercado estadounidense y canadiense un producto orgánico efectuado con responsabilidad social y ambiental. 

Así, Pryor y Karr empezaron a trabajar con la comunidad Aché Guayakí, en Paraguay, planteando un modelo diferente de producción. Luego, le seguirían la Argentina y Brasil. “Se estaba achicando el monte porque deforestaban, plantaban soja, vendían el rollo de madera nativa, cazaban animales silvestres. Se me ocurrió comprarles yerba y darle un valor que incluyera su ecosistema. Pagar más, ofrecerles un ingreso y, de esa manera, mantener el monte sin cortar”, indicó.

En la misma línea, señaló que “la confianza surgió de inmediato. Generamos un vínculo coparticipativo que surge de escuchar cuáles son sus necesidades”, aunque reconoció que la cuestión económica también fue fundamental: “Pagamos un 50% por arriba del valor del mercado y se garantiza el 10% de ganancia neta para el productor”.

Guayakí surgió once años antes de que aparecieran las denominadas empresas B o de triple impacto, que nacieron en 2007. No obstante, fue una de las primeras veinticinco empresas que se adhirieron al modelo. “Ya éramos parte de asociaciones en común. Sin embargo, no existía una organización que estuviera certificando y era algo que la sociedad estadounidense demandaba”, afirmó.

Actualmente, Guayakí trabaja con más de 600 familias en alrededor de 48.000 hectáreas de la Mata Atlántica. En nuestro país, colabora con la Fundación Agroecológica Iguazú en la difusión de las buenas prácticas del cultivo y el dictado de talleres para más de 1.000 alumnos de escuelas rurales de la localidad misionera de Andresito.

Hacia el 2020, el objetivo es alcanzar las 1.000 familias y proteger 60.000 hectáreas de la Mata Atlántica, propósito que también involucra a las ONG locales, los gobiernos y las asociaciones indígenas.

Por último, Pryor brindó un consejo a otros empresarios: “Es necesario generar vínculos participativos desde las empresas. Más talleres con los empleados, preguntarles qué es lo que quieren. Seguramente pidan un aumento de sueldo, pero también pueden surgir muchas cosas puertas adentro que van a tener un impacto social y ambiental”.