Las flores argentinas buscan conquistar el mundo

Teniendo en cuenta que casi la totalidad de la producción está orientada al mercado interno, el sector planea aumentar el volumen de exportaciones

Las flores argentinas buscan conquistar el mundo
jueves 09 de agosto de 2018

Las grandes empresas investigan las flores para crear nuevas variedades. Ese proceso, hasta que la flor está disponible para ser comercializada, puede llevar varios años.

En primer lugar, la especie llega al país y es recibida por un propagador que las enraíza. Luego, el productor recibe un plantín, que en unos meses empezará a producir flores. El último paso es el traslado de la producción para su comercialización en los mercados de La Plata o de Buenos Aires.

Según Daniel Morisigue, director del Instituto de Floricultura del INTA, el mayor problema es que la diferencia de precio entre lo que percibe el productor y lo que paga el consumidor final es muy grande. “Hay ineficiencia: los productores están muy atomizados, por lo que hay canibalismo comercial y los precios tienden a bajar. Además, se suman varios intermediarios, que también compiten y distorsionan los precios”, indicó.

El ejecutivo afirmó que la producción, que se destina casi en un cien por ciento al mercado local, representa unos US$220 millones anuales, de los cuales el 60% pertenece a claveles, crisantemos y rosas.

Gustavo Ogata, segunda generación en el mundo de las orquídeas, manifestó: “Nuestra producción es a largo plazo, quizá pasan entre tres o cuatro años hasta que tenemos la flor, y dependemos de los vaivenes en la política comercial para importar nuestros plantines”.

Asimismo, Ogata advirtió que “el consumo de flores cayó bastante en los últimos años y gran parte de la culpa es nuestra, de los productores. Hay muchos que todavía trabajan con infraestructura vieja y con demasiado trabajo manual. Si bien la suba del dólar ahora nos complica importar los insumos para la floricultura, tampoco se aplicaban antes nuevas tecnologías para la producción”.

Morisigue citó como ejemplo las estrategias implementadas por Chile y Brasil, haciendo especial hincapié en la del país trasandino, que promovió una estrategia público-privada para conocer el mercado holandés. “Los chilenos exportan, entre bulbos y flores, unos US$40 millones anuales. El mercado interno se orientó a los pequeños productores de las comunidades mapuches, las que se capacitó para abastecer el mercado de Santiago del Estero. En estas dos décadas, además, la demanda nacional creció de US$30 millones a US$100 millones”, indicó.

Por último, el ejecutivo consideró que las plantas ornamentales, como la calibrachoa y la mercadonia, representan una gran posibilidad para exportar. Las mencionadas variedades se producen en Misiones gracias al INTA para después ser comercializadas a Canadá, Estados Unidos y Japón.

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