Jueves 02 de Abril de 2020
Fate

Emprendimientos artesanales se instalan y marcan tendencia en Buenos Aires

Cada vez son más las personas que optan por artículos tejidos con trazabilidad y que son sustentables

Emprendimientos artesanales se instalan y marcan tendencia en Buenos Aires
martes 01 de octubre de 2019

El tejido seduce cada vez más a la ciudad de Buenos Aires, donde un conglomerado creciente de personas y organizaciones van formando parte del mismo ecosistema.

En pleno Palermo, te encontrás con emprendimientos de comunidades que producen en su territorio y que, además de comercializar sus prendas, trabajan en red: enseñan a otras mujeres a armar un presupuesto en Excel y las conectan con los diseñadores, que suben esos tejidos a las pasarelas, como Martín Churba, Alejandra Gotelli, Jazmín Chebar, Maydi, Clara de la Torre, Marcelo Senra, entre otros.

Si ves en un suéter o en una manta la etiqueta con el nombre de la artesana, cómo y dónde trabajó el material –lo que se conoce comúnmente como trazabilidad–, te vinculás distinto como consumidor final, ya que tomás conciencia de que estás contribuyendo, de alguna manera, con esa forma de hacer mejor las cosas. Crear conciencia es la pieza clave para lograr un mundo más sustentable.

De esta manera, si te encontrás con una prenda en cuya etiqueta aparece el nombre de la tejedora y toda la información técnica, tenés en tus manos un objeto tan valioso que su impacto va más allá de lo económico o de la moda, ya que es la prueba concreta de que está creciendo un modelo mejor de producción y consumo en beneficio del planeta.

Hace más de una década que los habitantes de la Puna, quienes desde tiempos incaicos crían llamas, vicuñas y ovejas, formaron la Asociación Warmi Sayjsunqo, que significa mujer perseverante en quechua. Un animal que es cuidado por una familia se esquila una vez al año –desde que llega el calor hasta marzo, para que dé tiempo de que el pelo crezca para el invierno–. Las warmis, que hoy nuclean a 3.000 familias de 90 comunidades, se ocupan de recorrer el Altiplano acopiando los bolsones de los pequeños productores dispersos por cerros y parajes. Una vez que tienen el volumen suficiente, los trasladan 230 kilómetros hasta la hilandería de San Salvador de Jujuy. Las mujeres, organizadas con su propio sistema, acuerdan todo, hasta el precio al que venderán el kilo.

Este modelo de negocio único tiene su ADN de comercio justo –empresas b, es decir, que operan bajo altos estándares sociales y amigables– y todo lo que proclaman las nuevas economías.

 

Primera cooperativa textil

Hace 15 años, el sueño colectivo de las mujeres tejedoras dio origen a la primera cooperativa textil del Gran Chaco. Hoy, son más de 2.000 artesanas wichis las que trabajan el chaguar, una bromelia carnosa parecida a la aloe vera. La recolectan en el monte, separan las hojas y las machacan hasta obtener las fibras como hilos que dejan secar al sol; después, se las ponen sobre el regazo y las enrollan. Cada artesana hace un grosor distinto de hilo, escoge sus tintes –cortezas, yerba, frutos, carbón–, los hierve y decide en qué punto va a tejer.

En tanto, en la hilandería de Jujuy, que se llama Warmi, el proceso es semiartesanal. Primero se hace una clasificación manual y después se pasa a las máquinas que pasan la fibra de llama o el vellón de oveja y los oxigenan para que caiga toda la tierra; luego, se lava en piletones a mano con agua y detergente y se seca al sol.

La fibra limpia es como un gran copo de algodón. Así entra a la carda y sale la primera mecha larga que se llama top; esto se peina, se suaviza y se convierte en la lana que vemos hoy que se va al telar. El último paso, cuando el tejido está listo, es hacerle un control de calidad para confeccionarlo a mano.

 

Altísima calidad en la Argentina

Nuestro país es uno de los mayores productores de lana de alta calidad, aunque el gran desafío es exportarla con valor agregado en vez de como materia prima cruda.

En la familia de los camélidos, ganan la vicuña –la fibra más costosa del mundo–, el guanaco, la alpaca y la llama; y entre las ovejas, está la conocida lana merino de la Patagonia.

Sin embargo, la mejor lana es la orgánica, que se hace bajo normas internacionales que certifican las buenas prácticas de crianza y el respeto por los suelos, que lleva el sello de Responsible Wool Standard.