Viernes 25 de Septiembre de 2020
Fate

La industria vitivinícola mira hacia un futuro sostenible

Un recorrido por la historia de la vitivinicultura sostenible en Nueva Zelanda

La industria vitivinícola mira hacia un futuro sostenible
martes 23 de junio de 2020
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Desde la década de los ochenta, la pequeña industria vitivinícola de Nueva Zelanda comenzó a crecer y no paró. Reconocida mundialmente por ser precursora en la utilización de uvas orgánicas, la cuna de la Nueva Vitivinicultura Sostenible se enfrenta a serias amenazas. Un recorrido por este corto pero intenso camino.

Desde los inicios del Marlborough Sauvignon Blanc neozelandés en la década de los ochenta hasta el reconocimiento mundial, los vinos únicos neozelandeses se convirtieron en imprescindibles tanto en las listas de prestigiosos restaurantes como en los estantes de los supermercados de todo el mundo.

Las exportaciones de vino de Nueva Zelanda crecieron en más de un 1.000%, de US$18 millones en 1990 a casi US$2.000 millones en 2020. El aumento del consumo estuvo acompañado desde sus inicios por una conciencia sobre los impactos del cambio climático. Lamentablemente, esas “líneas” ya no son paralelas y están a punto de chocar con consecuencias significativas en tierra, infraestructura y en las propias personas que trabajan en la industria del vino.

Durante la década del ochenta, los valores atípicos de los vinos de Nueva Zelanda fueron impulsados por personas como James y Annie Millton, precursores en el cultivo de las uvas orgánicas. Esto dio lugar a la llamada Nueva Vitivinicultura Sostenible (SWNZ) a mediados de la década del noventa.

Actualmente, la industria se encuentra amenazada por una nueva generación de millennials que bebe menos y cuestiona más. Sumado a esto, el mercado comenzó a alejarse de sus principales clientes, alentados cada vez más al consumo de productos locales.

“A los consumidores realmente no les importa que tengamos algunas palabras elegantes sobre sostenibilidad en nuestros folletos brillantes y que hayamos marcado algunas casillas de acreditación difíciles de entender. Quieren escuchar historias, con hechos y cifras auténticas, sobre lo que realmente hemos hecho y continuamos haciendo para ayudar a salvar el planeta”, indica Fabian Yukich, miembro de la Junta de Viticultores de Nueva Zelanda y presidente del Comité de Medio Ambiente.

 

 

La estrategia

Desde 2019, el SWNZ –considerado como el mejor sistema de certificación– está alineando sus objetivos con los Objetivos de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Para fines de 2020, la industria planea haber revisado las tarjetas de puntuación de viñedos y bodegas en torno a las cinco áreas de enfoque: agua, desechos, plagas y enfermedades, cambio climático y personas. También se prevé un progreso significativo en soluciones tecnológicas que permitan a los miembros usar los datos que proporcionan a SWNZ para informar sus decisiones comerciales.

Además, se trabaja en la organización del “Vino del Año de Nueva Zelanda”, un premio a la sostenibilidad para reconocer a los logros sobresalientes en la materia.

Estas estrategias darán la oportunidad a los productores vitivinícolas de transmitir a sus clientes y consumidores historias auténticas sobre lo que han hecho para reducir la huella de carbono, el uso del agua y la huella ambiental.

“La historia del vino de Nueva Zelanda puede ser tanto sobre nuestra maravillosa calidad, nuestros aromas y sabores únicos, como sobre cómo estamos desempeñando nuestro papel para reducir los impactos ambientales”, concluye Yukich.