Mellizos de 15 años lograron que las plazas de Castelar sean inclusivas

Julieta y Lautaro, dos apasionados por la música, se enfocaron en que tanto su escuela como las plazas fuesen aptas para chicos con discapacidad

Mellizos de 15 años lograron que las plazas de Castelar sean inclusivas
martes 15 de octubre de 2019

Lautaro y Julieta Roccatagliata son mellizos que nacieron con el síndrome de regresión caudal, que provoca malformaciones en la parte inferior de sus cuerpos. Los médicos dijeron que vivirían solo dos días, pero los hermanos se rebelaron y hoy, con 15 años, son referentes en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad. Hace un mes, la reconocida asociación ALPI los premió en el Congreso por su ejemplo de esfuerzo y superación personal.

Los hermanos viven en Castelar (Buenos Aires) con sus padres, Sonia y Federico, y su hermano menor, Dante. “La escuela a la que íbamos desde el jardín no tenía rampas ni baños adaptados, pero no había problema porque el jardín era en la planta baja”, recordó Julieta. “Pero en la primaria había escaleras para ir a todos lados: al patio, al comedor, a computación. Nos incomodaba mucho ver que nuestros compañeros subían independientes y libres, y a nosotros nos tenían que alzar. Ya estábamos grandes”, continuó Lautaro.

Así fue como a los ocho años exigieron que la Escuela Nº7 Niñas de Ayohuma, ubicada en el barrio porteño de Parque Chacabuco, fuera inclusiva. La batalla fue larga y tuvo sinsabores, pero al fin, luego de tres años y medio, llegaron las rampas, los baños adaptados y el ascensor. “Fue una alegría ver que todo lo que trabajamos rindió frutos”, expresó Julieta, a la vez que su hermano agregó: “Cargamos con la responsabilidad de hacerlo por las familias que no conocen sus derechos o no tienen los recursos para salir a luchar”.

Sin embargo, el espíritu guerrero de los chicos no llegó solo hasta ahí. Después de la escuela, apuntaron a las plazas de su barrio, cuyos juegos no estaban pensados para que pudieran usarlos todos. “Nos angustiaba mucho y era injusto, porque la plaza es para compartir momentos con amigos”, acotó Lautaro.

En 2013, su madre le presentó al entonces intendente de Morón, Lucas Ghi, un proyecto para remodelar juegos, rampas y senderos de las plazas con una condición: los chicos debían participar del diseño, porque nadie sabía mejor que ellos lo que necesitaban. Ghi aceptó y, poco tiempo después, Morón se convirtió en el partido con más plazas inclusivas del país: son catorce, y en dos hay calesitas adaptadas.

En cada inauguración, Julieta y Lautaro repartieron folletos para concientizar sobre los derechos de los niños con discapacidad. Y en 2014, el Ministerio de Desarrollo Social los nombró padrinos del Programa de Plazas Inclusivas a nivel federal, junto al cantante León Gieco y al bailarín Iñaki Urlezaga.

Los mellizos estudian en escuelas secundarias públicas de Capital. A él le interesa la historia y se imagina, quizás, como politólogo. A ella, que es delegada de su curso, le gusta la literatura, la biología, la traducción y la criminología. Pero lo que a ambos les apasiona es la música: Lautaro toca la guitarra y el piano, y Julieta canta; suelen grabar juntos y se proyectan en un futuro arriba del escenario.

Él es fanático de Boca y juega fútbol con sus bastones. Como no pudo jugar profesionalmente, se dedicó al tenis de mesa adaptado. En 2017, participó junto a la selección juvenil en los Juegos Panamericanos de San Pablo. Con 12 años, fue el más joven de la historia en esa competencia.

“Lauti siempre está ahí, es mi compañero de vida. Somos muy diferentes, pero él tiene lo mismo que yo y me puede dar el punto de vista que necesito para encarar situaciones”, sostuvo Julieta. Su hermano acotó: “No todo es color de rosa en la vida y siempre está el otro para ayudarnos. Desde chiquitos compartimos todo: los doctores, los tratamientos, las terapias. Ella es mi alma gemela”.