Sábado 04 de Abril de 2020

Martín Lema: "La demanda de productos agroindustriales va a aumentar en los próximos años"

"Los procesos regulatorios pueden mejorarse todavía más para dar mayor previsibilidad y responder en menos tiempo", aseguró el director de Biotecnología del Ministerio de Agroindustria de la Nación

Martín Lema: "La demanda de productos agroindustriales va a aumentar en los próximos años"
viernes 22 de junio de 2018

Hay proyecciones de las Naciones Unidas y de otras organizaciones de las cuales se deriva que la demanda de los productos agroindustriales, no sólo los alimentos sino también los biocombustibles y los distintos productos que por biotecnología se pueden obtener, va a aumentar en los próximos años acompasando el crecimiento de la población”, expresó Martín Lema, director de Biotecnología del Ministerio de Agroindustria de la Nación, en el Congreso “Argentina, Supermercado del Mundo”.

En ese sentido, Lema sostuvo que “el desafío es producir más pero también mejor”, para lo cual “necesitamos de todas las herramientas disponibles”. Por ello, remarcó la importancia de “combinar tecnologías como la biotecnología, pero también la agricultura de precisión”, así como “las mejoras en la logística y en la distribución”, a fin de “evitar el desperdicio de los productos y aprovechar lo que se echa a perder para convertirlo en otra cosa y agregarle valor”. Y afirmó: “Recién ahí podremos estar en condiciones a futuro de producir en los niveles y con los estándares que nos va a ir demandando el mundo de aquí en adelante”.

Según Lema, “la biotecnología agropecuaria tiene muchas caras”, ya que existen los cultivos genéticamente modificados, los insumos agrícolas, que son “los microorganismos que se utilizan como una ayuda en la producción industrial”, las vacunas, la micropropagación y la clonación de animales. “Hay otras tecnologías emergentes que han sido incorporadas muy recientemente en el plan de trabajo del Ministerio de Agroindustria de la Nación, por ejemplo, el de los biomateriales, los bioplásticos producidos a partir de desechos o de productos agroindustriales”, explicó.

Asimismo, el director señaló que la biotecnología agroindustrial también es dispar en sus enfoques tecnológicos específicos. “Algunos de ellos están basados en mejorar los organismos vivos; otros están basados en obtener productos de los organismos vivos, como las enzimas, y utilizarlos como factores de transformación de los procesos”, mientras que “en otros casos, la biotecnología genera una mejora por el lado del conocimiento de los procesos y de la calidad del producto final sin alterarlo intrínsecamente”.

A su vez, indicó que también hay diversos enfoques regulatorios, “especialmente en lo que hace a las medidas que toma el Estado para controlar la eficacia y la calidad de los productos antes de salir al mercado”. En este aspecto, explicó que “algunos de estos productos tienen un marco regulatorio que es transversal o compartido con productos no biotecnológicos que cumplen los mismos fines”, mientras que “hay productos biotecnológicos que tienen su propio marco regulatorio y otros que son tan nuevos que todavía no tienen”, lo cual constituye “una barrera para poder llegar al mercado”.

“Todas estas herramientas, en mayor o menor medida, ya han demostrado su capacidad de aportar a una mejor producción, en términos cuantitativos y cualitativos”, afirmó el director. No obstante, reconoció que hay una brecha entre los productos biotecnológicos existentes y los que la cadena puede aprovechar. Lema señaló que la misma “tiene que ver con muchos factores y, en algunos productos, especialmente con los procesos regulatorios”, al tiempo que recalcó que no ocurre sólo en la Argentina, sino que es a nivel mundial.

En ese sentido, subrayó que “cuantas más herramientas tenemos para evaluar la eficacia y los posibles riesgos de una nueva tecnología, más seguridad tenemos al adoptarla pero, sin embargo, como sociedad más precavidos nos volvemos y más tardamos en adoptar nuevas tecnologías”.

Por otra parte, Lema se refirió a la antigüedad del sistema regulatorio argentino para los cultivos genéticamente modificados, el cual lleva 26 años de funcionamiento ininterrumpido. “Es uno de los más reconocidos a nivel mundial por la complejidad de las tareas que aborda, al punto tal que ha sido reconocida la CONABIA (Comisión  (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria) por la FAO como centro de referencia en materia de bioseguridad y biotecnología”, expresó.

No obstante, advirtió que si bien “la Argentina es uno de los países líderes”, no es el principal o el mejor. Y puso el caso de Brasil, que posee productos que acá aún no logramos sacar al mercado. “Tenemos un sistema regulatorio bastante bueno, un empresariado capaz de progresar o introducir al país las tecnologías desarrolladas inicialmente en el exterior, un sistema de ciencia y tecnología capaz de generar desarrollos propios”, es decir que “es muy poco lo que nos falta para mejorar y para dar un salto en la cantidad de herramientas biotecnológicas de las que podría disponer la cadena de producción agroindustrial en los próximos años”.

En esa línea, Lema subrayó que se debe “pasar una instancia en donde el beneficio es percibido como que solo lo recibe la empresa que promueve la tecnología y empezar a entender que ese beneficio también lo ven los agricultores y el resto de la cadena, aunque sea en una disminución de precios y en una mayor competitividad a la hora de exportar o a la hora de producir”. Y agregó: “El empresariado de las cadenas debe ser un poco menos propenso al riesgo sobre la base de riesgos calculados, no sobre riesgos percibidos o estimados a la ligera”.

Desde el lado de lo público, el director indicó que “los procesos regulatorios pueden mejorarse todavía más para dar mayor previsibilidad y responder en menos tiempo”.

Por último, Lema explicó que, mediante un convenio firmado entre el Ministerio de Ciencia, el de Producción y el de Agroindustria, “el sector privado se compromete a hacer más inversiones y a innovar en biotecnología”, mientras que “el sector público se compromete a estar a la altura”.

“Nuestro gran desafío en  los años venideros es convencer al mundo y encontrar la manera de que los productos sean regulados por sus características intrínsecas y no por la percepción que tenga la sociedad de la mayor o menor seguridad o conveniencia de la tecnología con la que fueron obtenidos”, concluyó Lema.