Domingo 12 de Julio de 2020

Tips para ser un buen orador

Herramientas para dar un discurso en público que sea eficaz y llegue a todos los destinatarios

Tips para ser un buen orador
jueves 03 de enero de 2019

Un verdadero líder es aquella persona capaz de transmitir sus proyectos y objetivos a través de una buena oratoria. Saber comunicar ideas de manera correcta es una herramienta que sirve para cualquier ámbito de la vida, ya sea personal o profesional. Quienes saben expresarse pueden establecer nuevas redes de contactos, compartir lo que conocen con fluidez y vivir cada charla como una instancia de crecimiento. A la hora de impactar al público, conocer y entrenar el arte de hablar es indispensable.

Según el autor del libro “Oratoria para todos”, Daniel Colombo, para ser un buen orador, es fundamental tener bien preparada la exposición a realizar. Para eso, es necesario delimitar cuatro aspectos sustanciales, que son: la estructura del discurso, la explicación de conceptos difíciles, la anticipación y los recaudos a tomar en caso de que ocurran inconvenientes.

El objetivo de la estructura del discurso es impactar al auditorio con un mensaje claro. Para esto, la charla debe ser clara y entendible, y tiene que transmitir lo que se intenta comunicar. Toda oratoria tiene un arranque, un nudo y un desenlace, cuyo inicio debe ser atrapante en los primeros segundos, mientras que durante el desarrollo, se explicará el tema desde distintos enfoques. El final debe ser inolvidable, debido a que será lo que el auditorio más recuerde.

Para efectuar la estructura del discurso es elemental:

- Conocer el tema a fondo: se debe tener una opinión formada sobre el argumento a abordar, que permitirá dirigirse a los destinatarios con mayor autoridad, entusiasmo y convicción. Para esto, buscá en tu interior distintas ideas, apelando a la memoria, la experiencia y todas las fuentes de información posibles. No hay que hablar sin saber  ni usar palabras sin sentido, porque el público se va a dar cuenta rápidamente y se producirá un feedback negativo.

- Preparar el material: puede que uno conozca bien el tema a tratar, pero crear una síntesis de conceptos y afrontar un auditorio puede ser todo un desafío. La  presentación, que deberá prepararse de antemano, debe ser simple y de pocos minutos. Se recomienda hacer un borrador, resumirlo a la mitad, quitarle los aspectos menos relevantes y ensayar esa última versión la cantidad de veces que sea necesario. Podés pedirle a un tercero consejos sobre cómo mejorarla, o filmarte con el celular para analizar vos mismo qué cambiarías. Cabe destacar que es importante reservar algunos datos de impacto para complementar verbalmente la charla.

- Poner un título atractivo: usá tu creatividad para darle a la exposición un título que atrape e impacte a los oyentes. Esto captará su atención desde el minuto cero y será indispensable para que sigan cada etapa del discurso.

- Estimular los sentidos: si no se estimula lo visual, auditivo, táctil y olfativo, ni se tienen en cuenta las emociones, la atención del público puede perderse fácilmente. Es importante tener en cuenta que el 55% de la comunicación humana es gestual, el 38% está relacionado con el tono de voz, mientras que apenas el 7% corresponde a las palabras. De este último número, solo se recordará el 10%, de modo que deberás expresar tus ideas con imágenes, musicalidad y anclajes emocionales.

- Preparar una presentación ordenada: no se trata de juntar información y recitarla en público, sino que los temas a tratar tienen que estar ordenados en inicio, desarrollo y final.

- Ser breve: lo ideal es centrarse en un par de ideas relevantes y desarrollarlas de forma clara y concisa. Cuanto más largo sea el discurso, mayores serán las posibilidades de equivocarse, caer en reiteraciones, generar dudas y dispersar al público.

- Usar el lenguaje apropiado: su elección debe basarse en el tipo de auditorio, puede ser técnico, científico o simple, siempre y cuando no caiga en demasiada sofisticación o rebusques. Cuanto más sencillo y concreto sea, mejor.

- Recurrir a ejemplos: a la hora de transmitir ideas complicadas, podés recurrir a ejemplos, con los cuales establecer paralelismos, o usar metáforas y analogías, que hagan más clara la exposición. Es un recurso muy eficaz, que consiste en comparar lo que se está expresando con elementos o situaciones de otros ámbitos, que pueden ser más familiares para el auditorio.

- Implementar estadísticas: si existen números que pueden contribuir a que un argumento sea más claro y entendible para el público, usalos. De todas maneras, no abuses, brindá una síntesis apoye los argumentos.

- Ser detallista: un uso efectivo del nivel de detalles puede darte brillo y hacerte lucir más de la cuenta, aunque ser detallista en aspectos poco relevantes puede producir aburrimiento.

- Usar testimonios: mientras su veracidad esté chequeada, se puede recurrir a relatos, fuentes de información o casos reales, que sustenten los argumentos. Un recurso que siempre es muy útil es ejemplificar con personajes de renombre que puedan ayudar a graficar las ideas o inventar potenciales terceras personas con los que se pueda generar alguna polémica, usando frases como “el amigo de un amigo una vez dijo que…”.

- Emocionar: el objetivo principal del orador debe ser desarrollar un discurso útil que los oyentes puedan aplicar de forma concreta a su vida.

- Preparar un final impactante: la forma y el fondo del desenlace son sumamente relevantes para que el público recuerde los temas que se trataron. Asegurate de musicalizarlo, ponerle imágenes y una vez que la presentación haya finalizado, si se apagaron las luces, encendelas. Si estás detrás de un estrado, ubicate en el centro de la escena y mirá al público. En caso de recibir aplausos, acompañalo con uno dirigido al auditorio.

Otro aspecto imprescindible es el que está relacionado con la explicación de conceptos difíciles, que deben esclarecer sin perder rigor. Antes de dirigirte a los oyentes, realizá una síntesis conceptual que acorte la brecha de distorsión y ruido que pueda generar algo que sea complicado de entender, tomando como base el esquema de la comunicación, que comprende al emisor, el mensaje y el receptor. Para esto, es necesario:

- Explicar punto por punto: uno de los errores más comunes a la hora de dar un discurso, es dar por sentado que el público es consciente de todo lo que está pasando alrededor, cuando en realidad no lo es. Es posible que muchos tengan una aproximación con los temas a tratar, de modo que la misión del orador es conformar una experiencia de conocimiento abarcativa, profunda y sin distorsiones que enriquezca al auditorio. Los aspectos más complicados deben ser explicados mediante un abordaje técnico puro, sin demasiadas vueltas, que ocupe menos del 2% de la explicación total. El objetivo es proponer nuevos enfoques desde el lado positivo.

- Graficar: refiere a simplificar los aspectos más complejos. Buscá palabras comunes, dibujá formas, diagramas de flujo, usá colores, texturas, fotos, frases y cualquier tipo de recurso que te permita sintetizar la exposición, anclando los contenidos más importantes. Es probable que en esquemas de pensamiento sintético tengas claro el inicio y desenlace de lo que querés expresar, sin tener en cuenta que durante el trascurso del diálogo pueden surgir interferencias de comprensión entre lo que se dice, muestra, escucha o percibe. Para llamar la atención, se pueden usar gráficas con esquemas simples y asimilables con aspectos de la vida cotidiana.

- Recapitular: como la atención de las personas durante una presentación puede fluctuar incesablemente, deberás utilizar puentes que recapitulen y resuman lo que estás diciendo. Dividí el tema en la cantidad de partes que sean necesarias y explicá cada una. Después, recapitulá, sintetizá, usá otras palabras y códigos de comunicación y hacé una revisión de lo que dijiste. En este tramo podés incorporar al público y realizar una construcción colectiva que contribuya a pasar en limpio los conceptos, y establecer las bases del puente conceptual que guiará hacia lo siguiente.

- Usar metáforas y analogías: cubrí el mensaje con metáforas, historias, cuentos, analogías, simbologías, paralelismos, casos concretos o anécdotas, que sean difíciles de olvidar. Salí de la rigidez y ubícate en un lugar más simple, con aromas, colores y matices, que acompañe tu habilidad en el uso del espacio escénico: movilizate, conmové e involucrá a nivel emocional al público.

- Reforzá una o dos ideas clave por cada concepto complicado: si bien el cerebro humano tiene una neuroplasticidad probada, al estar en una conferencia o reunión, tiende a prestarle más atención al resultado final que al proceso, de modo que es vital encontrar en cada concepto difícil una o dos ideas relacionadas.

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