Viernes 06 de Diciembre de 2019
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Claves para duplicar el forraje en regiones del Delta

El empleo de pasto ovillo es muy útil para enriquecer pastizales y aumentar el alimento disponible para los animales

Claves para duplicar el forraje en regiones del Delta
lunes 02 de diciembre de 2019

En los últimos años, buena parte de los productores isleños que se ubican en el Delta del Río Paraná optaron por dejar de lado actividades tradicionales como el cultivo de frutas, hortalizas y mimbre o la forestación de sauces y álamos, para volcarse hacia tareas que vinculan la silvicultura (cultivo, cuidado y explotación de montes forestales) con la ganadería.

Como la sombra que producen los árboles de las plantaciones adultas reduce la disponibilidad de pastos y limita la cantidad de animales que los campos pueden sostener, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA; Cátedra de Forrajicultura del Departamento de Producción Animal) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Delta Paraná, desarrollaron un proyecto denominado “Sistemas Silvopastoriles de la Región del Delta del Río Paraná: pautas para incrementar la eficiencia de producción sustentable de la ganadería de cría”, que pone a disposición de los productores una serie de propuestas tecnológicas sustentables.

El estudio permitió duplicar la oferta anual de forraje incorporando pasto ovillo a los pastizales, con el fin de elevar el número de animales en los establecimientos.

“En el Delta del Paraná, la ganadería se puede desarrollar de manera óptima porque sus pastizales son muy productivos. Como los pastos que crecen bajo plantaciones forestales son muy escasos en invierno, los productores isleños siembran cultivos forrajeros anuales o verdeos bajo el monte forestal con resultados muy variables”, comentó Patricia Cornaglia, docente de la Cátedra de Forrajicultura de la FAUBA.

Ante esta situación, se probó enriqueciendo la cubierta vegetal con pasto ovillo Dactylis glomerata, una gramínea perenne que tolera sombras y crece tanto en otoño como en invierno y primavera. “Lo agregamos en plantaciones forestales que presentaban muy baja cobertura en su estrato más bajo, logrando una productividad anual de dos mil kilos por hectárea; un número más que interesante si se tienen en cuenta los 1.200 kilos que se alcanzaron sin esta gramínea. Disponer de un buen forraje en verano e invierno es alentador para combinar la ganadería con la forestación de la isla”, remarcó la profesional.

A pesar de este contexto, Cornaglia afirmó que la idea no es reemplazar los pastizales que crecen bajo el monte forestal, sino aumentar la cobertura vegetal de los campos. Para esto, también se podría disminuir la erosión y la compactación del suelo.

“El pasto ovillo se usa frecuentemente en sistemas silvopastoriles de Nueva Zelanda, un país que comparte condiciones productivas y ambientales con la Argentina. Por este motivo, les propusimos probarlo en sus campos. Tras meses de trabajo en conjunto, pudieron ver los buenos resultados en sus propios lotes, tomándolos como evidencia de que se puede aumentar la cantidad de animales en el agrosistema al reducir el bache invernal de alimento”, pronunció.

Generalmente, la escasez de pasto en invierno ocurre porque la mayoría de los pastizales de la región tienen su pico de productividad durante el verano. Para contrarrestar la situación, los productores siembran cultivos forrajeros bajo el monte forestal como álamos y sauces que pierden sus hojas en invierno y permiten que la luz solar alcance el suelo. “Esta particularidad, junto con la adaptación de producciones forestales, hace pensar en un futuro promisorio para la silvicultura isleña”, concluyó la docente.

 

Contexto histórico

Desde inicios del siglo XX, en el Delta se produce madera para fabricar cajones para transportar frutas y hortalizas destinadas al área metropolitana. A partir de la década del cincuenta, la industria papelera fue ganando terreno, siendo el principal mercado de los árboles de la isla. En ese momento, las vacas se criaban para consumo propio y solo en contadas oportunidades visitaban las forestaciones para protegerse del sol.

En los últimos años, la ganadería de la región pampeana empezó a desplazarse hacia tierras lejanas al área agrícola, debido a que no era posible competir con la rentabilidad de cultivos como la soja y el maíz. En este contexto, el Delta fue una de las zonas en donde se introdujeron más animales, ya que los organismos estatales fomentaron su combinación con la silvicultura. “Todavía podemos mejorar muchos aspectos de la producción silvopastoril en las islas. Vamos por buen camino”, destacó Cornaglia.