Viernes 06 de Diciembre de 2019
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Riego complementario: es clave evaluar la calidad del agua

En regiones subhúmedas donde se realiza riego complementario, el riesgo de salinización es de poca importancia, pero en zonas áridas es un peligro que debe tenerse muy en cuenta

Riego complementario: es clave evaluar la calidad del agua
lunes 02 de diciembre de 2019

En los últimos años se publicaron numerosos informes y artículos sobre el potencial del riego complementario en la agricultura argentina. Sin embargo, es bastante escasa la información disponible acerca de las cuestiones técnicas relacionadas con la materia, entre las cuales se incluyen los estudios hidrogeológicos necesarios para evaluar si existe una oferta sostenible de agua subterránea y, en caso de haberla, cuál es la calidad del agua disponible y su impacto sobre la calidad del suelo y del ambiente.

Recientemente, el equipo técnico del Proyecto Ambiente del Movimiento CREA comenzó a evaluar campos bonaerenses con historia de riego complementario para estudiar la evolución de la composición química de suelos que recibieron agua con diferentes niveles de sodio. Consideramos que se trata de un aspecto crítico tanto para las empresas que emplean actualmente riego como para aquellas que están evaluando la posibilidad de implementarlo. De esta forma, cada una debe transitar por una etapa de diagnóstico (análisis del agua de riego, del suelo y de sus propiedades físicas) para abordar un manejo preventivo (lámina de riego, tránsito de las labores culturales y cosecha, fertilización, rotaciones, etc.) o correctivo, a fin de disminuir el impacto de esta tecnología.

 

Evaluación

La calidad del agua de riego debería analizarse periódicamente, dado que varía tanto espacial como temporalmente. El agua de riego puede afectar las propiedades químicas y físicas del suelo, desencadenando procesos de degradación, tales como la salinización o sodificación y toxicidad específica de algunos elementos, y el rendimiento de los cultivos.

Cuanto mayor es el contenido de sodio en relación con los de calcio y magnesio, mayor será el potencial de generar un problema. La herramienta que permite clasificar al agua según calidad es la relación de adsorción de sodio (RAS). Este indicador expresa la actividad relativa del ion sodio contenido en las aguas o en los extractos del suelo, haciendo referencia a la velocidad de adsorción de sodio en relación con los iones calcio y magnesio.

En la práctica, muchos laboratorios dan sus resultados de análisis en función de la clasificación Riverside/USDA (1954), pero dicho criterio de evaluación de aguas se ajusta más a regiones áridas y semiáridas. Existen otros sistemas de evaluación de aguas para riego, como los desarrollados por la FAO (1985) o adaptaciones del INTAIPG (1998), que pueden ser más acertados como referencia para la región pampeana.

El aporte de sodio trae grandes inconvenientes para la fertilidad física del suelo, tales como la dispersión de las partículas al humedecerse; en esas condiciones, el espacio poroso queda con poros de diámetro muy pequeño que dificultan o impiden el movimiento del agua, particularmente en sentido vertical, disminuyendo la permeabilidad, la infiltración, el drenaje y la aireación.

Es indispensable ser muy estrictos a la hora de evaluar el agua de riego a utilizar. Regar con aguas de elevada RAS en suelos de texturas finas puede provocar un efecto muy difícil de revertir o directamente irreversible, que incrementa el riesgo de compactación superficial, afectando la infiltración y la emergencia del cultivo.

En las regiones subhúmedas, donde se realiza riego complementario, el riesgo de salinización es por lo general de poca importancia, debido a que las precipitaciones son suficientes para lavar las sales acumuladas. Sin embargo, en las regiones áridas y semiáridas, la salinidad es un peligro que debe tenerse muy en cuenta.

Para evaluar la salinidad del agua de riego se utiliza principalmente la conductividad eléctrica (CE). A medida que aumenta la concentración de sales en el agua, se incrementa su capacidad para transmitir la electricidad; por ello, valores elevados de CE se relacionan con una elevada concentración de sales. La salinidad se convierte en un verdadero problema cuando el total acumulado en la zona radical afecta negativamente el crecimiento del cultivo.

En general, se toman valores críticos de CE para clasificar el agua de riego de acuerdo con su potencial de salinizar el suelo. Si el agua posee una CE inferior a 2 dS/m (decisiemens por metro), se considera que el riego no salinizará el suelo; si la CE se encuentra en el rango de 2 a 4 dS/m, puede generar problemas de salinización, por lo que es necesario tomar medidas en el manejo; mientras que valores por encima de 4,01 dS/m pueden ocasionar severos problemas de salinización. Estos valores consideran el supuesto de una napa por debajo de los tres metros.

El exceso de sales reduce la disponibilidad de agua debido al aumento de la presión osmótica; es decir: el suelo tiene agua, pero esta no está disponible para la planta. Este efecto se agrava a medida que el agua se evapora (o que el cultivo la absorbe) debido a un efecto de concentración. Además de la presión osmótica, la naturaleza de las sales presentes puede ejercer una influencia importante en el desarrollo del vegetal (toxicidad) y una deficiencia en la disponibilidad de nutrientes.

Además de realizar un análisis de la calidad del agua para evaluar si es apta para riego (por medio de la determinación de la RAS y la CE), es necesario realizar un análisis de suelo (para evaluar, por ejemplo, porcentaje del nivel de arcilla, CIC o pH), de manera tal de conocer cuál es el punto de partida sobre el cual comenzará a emplearse el recurso hídrico, para así poder monitorear la evolución del cambio efectuado luego de reiterados riegos.

Por otra parte, al comenzar el desarrollo de cualquier proyecto de irrigación, el agua es casi siempre abundante y existe una tendencia a utilizarla en exceso, lo que acelera la elevación de la napa freática. En tal sentido, es imprescindible evaluar también la profundidad inicial de la napa. En los últimos años se viene observando un ascenso, y tal fuente de agua también acarrea sales y sodio (dependiendo de su calidad), lo que puede generar un aporte adicional de estas sales al suelo.

 

CREA