Viernes 25 de Septiembre de 2020
Fate

Una economía circular que permite transformar las excretas de cerdo en un fertilizante orgánico de alto valor

El mismo mejora el nivel de fertilidad general del suelo, aumenta la tasa de infiltración del agua de lluvia, disminuye el riesgo de erosión y fortalece la capacidad de intercambio catiónico

Una economía circular que permite transformar las excretas de cerdo en un fertilizante orgánico de alto valor
lunes 14 de septiembre de 2020
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a producción porcina argentina ha evolucionado significativamente en los últimos quince años. El número de granjas y animales se ha incrementado gracias a importantes inversiones para ampliar los criaderos existentes y construir nuevos emprendimientos.

Así lo afirma el ingeniero agrónomo Roberto Maisonnave, experto en la gestión de efluentes y desechos de granjas porcinas, quien cuenta con una vasta experiencia en los Estados Unidos. “El sector se ha visto enriquecido también por nuevos actores, como productores agropecuarios sin experiencia directa en porcinos que vieron la posibilidad de convertir maíz y algo de soja en proteína animal. Contenidos por un sector productivo que hace un culto a la mejora continua, muchos de estos nuevos emprendedores se sumaron a Grupos de Intercambio Tecnológico, donde prima el objetivo colectivo de mejorar los índices de eficiencia productiva”, comentó Maisonnave.

De acuerdo con el especialista, los avances tecnológicos en genética y nutrición animal, sumado al desarrollo de instalaciones apropiadas y el manejo profesional de las fases productivas permiten producir, hoy por hoy, un kilo vivo de cerdo utilizando un 75% menos de tierra, un 25% menos de agua y un 7% menos de energía que en 1960. “La eficiencia de conversión del alimento se ha reducido de 4,5 a 2,8 kilos de ración por kilo vivo producido, una mejora del 38%”, remarcó.

Sin embargo, la intensificación de la producción animal exige tener en cuenta ciertos factores críticos para mantener la armonía con el ambiente. “La ubicación debe ser, preferentemente, alejada de centros urbanos o residenciales, y considerando siempre la dirección de los vientos predominantes que pueden transportar partículas de polvo. La implantación de cortinas forestales es muy útil en este aspecto”, señaló.

En cuanto a la disponibilidad de agua, el ingeniero indicó que debe ser aceptable en cantidad y calidad. La profundidad de las napas debe analizarse al momento de diseñar sistemas de tratamiento que incluyen lagunas anaeróbicas, las cuales se impermeabilizan con geomembrana en zonas con riesgo real de infiltración.

“Las granjas argentinas tienen controles y protocolos de bioseguridad muy estrictos, y la higiene dentro de los galpones se realiza con máximo detalle y atención. El agua utilizada para limpieza se mezcla con la orina y heces de los cerdos, constituyendo lo que llamamos efluentes o purines. Los volúmenes de efluentes producidos son considerables; por lo tanto, las granjas deben contemplar sistemas de tratamiento, almacenamiento y uso inteligente de los mismos”, detalló.

Tal como describió Maisonnave, estos sistemas constan, generalmente, de una tubería de conducción desde los galpones hacia las lagunas de tratamiento anaeróbico. “En ocasiones, también incluimos equipos de separación de sólidos, líquidos y biodigestores. Los sólidos obtenidos constituyen un abono orgánico de calidad excepcional, por su alto contenido de fósforo y materia orgánica. El efecto de estos sólidos como restituidores de la fertilidad natural de los suelos es siempre notoria, aunque más impactante en suelos ganaderos de clases IV y VI”, agregó.

“En el caso de los biodigestores, los efluentes porcinos nos permiten producir biogás para ser usado en forma directa o transformarlo en energía eléctrica, tanto para uso dentro de la granja como para comercializarlo vía conexión a la red de distribución zonal”, subrayó.

Es importante destacar que tanto la separación de sólidos como la biodigestión no alteran significativamente el volumen total de efluentes a gestionar, según indica el especialista. Por este motivo, se requiere del concurso de la ingeniería ambiental y agronómica para diseñar un sistema de tratamiento y almacenamiento que nos permita utilizar estos efluentes de manera ambientalmente segura, económicamente rentable y agronómicamente beneficiosa. “La gestión de estos efluentes es quizá el desafío ambiental más importante en nuestras granjas”, enmarcó.

“En los países desarrollados con tradición en producción animal intensiva, la legislación ambiental orienta al productor a implementar el uso agronómico de los efluentes. Esto se debe, en resumen, al concepto de economía circular. Los cerdos excretan alrededor del 70% del nitrógeno y fósforo que consumen a través de la ración, y al ser estos los nutrientes más importantes para la producción agrícola, los productores los compran en grandes volúmenes en forma de fertilizantes comerciales como urea o superfosfato”, afirmó.

Por lo tanto, la gestión apropiada de los efluentes permite capturar esa ineficiencia de absorción de los cerdos y transformar las excretas en un fertilizante orgánico de alto valor, ya que no solo contienen todos los macro y micronutrientes esenciales para los cultivos, sino que además aportan materia orgánica. “Esto se traduce en la mejora del nivel de fertilidad general de un suelo, ya que aumenta la tasa de infiltración del agua de lluvia, disminuye el riesgo de erosión y fortalece la capacidad de intercambio catiónico”, resaltó Maisonnave.

“En nuestro país, la novedosa normativa de Córdoba –de cuyo proceso de consenso pudimos participar activamente– desarrollada específicamente para el uso de efluentes de producciones animales intensivas nos ha permitido acompañar a numerosos productores en el camino de la normalización administrativa. Estos esfuerzos han requerido importantes inversiones en infraestructura y equipos de riego, lo que nos ha permitido mejorar rendimientos de cultivos y reponer fertilidad natural a los suelos”, explicó.

Además, en Santa Fe, Buenos Aires, San Luis y Entre Ríos se ha dado un proceso similar en cuanto a la adopción de tecnologías para profesionalizar la gestión ambiental de las granjas porcinas, ya no por presión del Estado, sino por la conciencia de los propios productores. “Estamos aumentando la producción porcina en armonía con el ambiente, generando empleo y valor agregado en el interior de la Argentina”, concluyó.