Viernes 25 de Septiembre de 2020
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Pasturas: la capacidad transformadora clave en la ecuación de la cría

El monitor de resultados ganaderos del norte argentino evidencia la importancia de implantar forrajes para aumentar la carga por hectárea y mejorar la rentabilidad

Pasturas: la capacidad transformadora clave en la ecuación de la cría
lunes 14 de septiembre de 2020
E

l norte argentino está lleno de enormes regiones donde convergen diferentes variables ambientales y climáticas. Por esa razón, analizar la realidad y el potencial ganadero como si éste fuera uno solo espacio es totalmente imposible.

De los húmedos pastizales correntinos, epicentro ganadero del NEA con más de cuatro millones de cabezas, a los ásperos montes salteños, los productores han encontrado la manera de subsistir en la actividad con la cría como estandarte.

Para un primer acercamiento que arroje algunos puntos en común, vale la pena repasar el monitor de resultados económicos ganaderos elaborado por el Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación, cuya última actualización fue en marzo de 2020, con la cuarentena ya instalada en todo el país.

Según el documento, la carga de vientres en el sistema productivo predominante en el noroeste de Corrientes es de 0,33 cabezas por hectárea, y el 100% de la superficie es campo natural. Allí, según el modelo del Ministerio, con un destete del 60% y una reposición de vientres del 23%, la producción de carne por hectárea es de 43,3 kilos. Teniendo en cuenta los ingresos y los costos, la rentabilidad de la actividad sobre el capital, incluyendo el valor de la tierra en un campo de 1.000 hectáreas, es del 0,9%.

Asimismo, un poco más al sur, en la zona criadora del centro y sur de Corrientes, el campo natural también representa la totalidad de la oferta forrajera, pero según el modelo oficial la carga puede ser ligeramente mayor, de 0,43 vacas por hectárea. Con una tasa de destete del 67% y una reposición del 22%, la producción de carne asciende a 61,2 kilos por hectárea, y la rentabilidad sobre el capital con tierra es del 2,3%. El costo bruto de producir un kilo de carne en esa zona es de 39,40 pesos, contra los $62,38 del noroeste de la provincia.

Mientras tanto, en el este de Chaco y Formosa, donde también manda el pasto natural, la receptividad de los campos de cría cae, ya que la carga de vientres por hectárea es de 0,21 y la ecuación se pone más fina. Allí, con una tasa de destete del 60%, una reposición del 22% y una producción de carne de 28 kilos por hectárea, el costo de producir un kilo de carne es de 72,7 pesos y la rentabilidad sobre el capital con tierra es de solo el 0,5%.

No obstante, según la modelización del Ministerio, dedicando un 20% de la superficie a la siembra de praderas se podría hacer más atractivo el número. Sumando ese recurso forrajero, la carga podría llegar a las 0,33 cabezas por hectárea y la tasa de destete al 75%, con lo cual aumentaría la eficiencia de stock y la producción de carne sería de 51,4 kilos por hectárea, con un costo bruto por kilo de 65,7 pesos. De esta manera, la rentabilidad llegaría al 2,1%.

En Salta, el modelo oficial toma como base para evaluar un campo natural con una carga de 0,14 vacas por hectárea y una tasa de destete del 55%. Con esos parámetros, la producción de carne es de solo 17,3 kilos por hectárea, con un costo de 76 pesos por kilo y una rentabilidad de apenas el 0,3% sobre el capital, incluyendo la tierra. Allí también la implantación de praderas es lo que hace la diferencia, con el gatton panic como as de espadas. Con un 20% de la superficie dedicada a esa especie, la receptividad del campo aumenta a 0,39 vientres por hectárea, la tasa de destete alcanza el 65%, la producción de carne es de 57,8 kilos por hectárea y la rentabilidad llega al 2,4%.

Más allá de la frialdad de los números, la radiografía refleja la realidad de muchos productores, pero está lejos del potencial que muestran los manejos de punta. Además, muestra exclusivamente los números de los planteos de cría, pero hoy la realidad invita a que, incluso en esas zonas, el que tenga algo de espalda avance hacia la recría o el ciclo completo.

Lo que se hace evidente, una vez más, es la capacidad transformadora de algunas herramientas básicas, como la siembra de pasturas y el aumento de la carga por hectárea. Claro que eso es apenas el principio de un largo capítulo para el productor ganadero.