Claves para una ganadería sustentable en zonas secas

Un estudio efectuado por investigadores de la FAUBA y AACREA evaluó la carga óptima animal en zonas con grandes variaciones en el nivel de precipitaciones

Claves para una ganadería sustentable en zonas secas
miércoles 11 de abril de 2018

La Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) realizó un estudio acerca de cuáles son las estrategias de manejo adecuadas para regiones con climas inestables, analizando los niveles óptimos de carga animal de acuerdo a la disponibilidad de pasto y la humedad.

El estudio, ejecutado por Martín Grabulsky, director de la Especialización en Manejo de Sistemas Pastoriles de la FAUBA, y José Lizzi, líder del área de Ganadería de AACREA, logró definir cuál es la carga animal óptima que permite conseguir mejores rendimientos productivos a largo plazo, con un menor riesgo climático.

De esa manera, aconsejaron pastorear con una vaca cada 2,5 hectáreas en las zonas más secas de la región chaqueña, que registran una media de precipitaciones de 450 milímetros. En tanto, con medias de 750 milímetros, se recomienda que la carga animal sea de una vaca cada 1,25 hectáreas.

En general, los sistemas ganaderos de cría no admiten grandes variabilidades climáticas, lo que hace aún más difícil el diseño de un esquema que sea sustentable no sólo a nivel productivo y económico, sino también ambiental.

En ese sentido, los investigadores explicaron que, con una carga animal fija y una oferta forrajera versátil, ya que ésta varía según el nivel de precipitaciones registrado en un año determinado, los productores tienen dos opciones. “La primera es mantener la densidad animal estable y que el ajuste de carga sea consecuencia de la productividad variable del rodeo”, y la otra alternativa es “mantener la densidad animal y la productividad, pero variar el costo de producción para cubrir los déficits forrajeros en los años desfavorables”.

Según los especialistas, la segunda opción “reviste la complejidad de encontrar el punto de carga óptima en el largo plazo, donde se maximice el resultado económico, minimizando el impacto de los años desfavorables”. De esa forma, tomando como marco la segunda estrategia, realizaron un modelo que simula veinte años de precipitaciones en el Chaco seco para establecer los rangos de carga óptima en distintos sistemas de producción de cría.

Lizzi detalló que a partir de las lluvias estimaron “la producción de pasturas para un rodeo de cría de alta productividad. Los años donde el forraje no alcanza, el déficit forrajero se cubre con manejo del destete, desde anticipado hasta un híper precoz”. Y agregó: “Si estas prácticas no son suficientes, entonces se compra alimento para mantener el stock y la productividad animal del sistema”.

Por su parte, Garbulsky señaló que “el sistema se modeló para niveles de carga creciente. De esta forma, se determinó un break even (punto de resultado económico cero), además de puntos de carga óptima y máxima”.

Los resultados del estudio demuestran que aumenta la rentabilidad económica a medida que se incrementa la carga, hasta alcanzar el nivel máximo rendimiento de una vaca cada cuatro hectáreas para zonas con precipitaciones de 450 milímetros anuales, de 0,73 por hectárea para regiones cuya media anual de lluvias es de 600 milímetros, y de 0,87 en casos de promedios anuales de 700 milímetros.

Por último, Lizzi sostuvo que “el sitio de 450 mm anuales tiene una zona de resultado positivo muy reducida, además de un resultado económico muy bajo”, por lo que “sería cuestionable la alteración del ambiente natural para implantar pasturas y establecer un sistema de cría vacuna de alta productividad animal, al menos desde el punto de vista de la sostenibilidad económica”, aunque advirtió que podría considerarse “si el negocio estuviese integrado con un sistema de engorde, donde la restricción principal sea la provisión de terneros”.