Lunes 17 de Febrero de 2020
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Cómo prevenir la neumonía bovina

También conocida como Complejo de Enfermedades Respiratorias del Bovino, esta enfermedad afecta la calidad de vida de los animales, ocasionando grandes pérdidas económicas en la producción

Cómo prevenir la neumonía bovina
miércoles 27 de noviembre de 2019

Un equipo integrado por el doctor Guillermo Berra, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y la ingeniera Guillermina Osacar, entre otros profesionales, desarrolló un listado de advertencias para controlar la neumonía bovina o Complejo de Enfermedades Respiratorias del Bovino, debido a que es una de las enfermedades que mayores pérdidas genera en los rodeos de esta especie.

Según estudios, la neumonía es una de las principales causas de deterioro y muerte de terneros durante las primeras semanas de vida. Usualmente se conoce como Complejo de Enfermedades Respiratorias del Bovino a aquellos padecimientos provocados por agentes bacterianos y virales, que afectan específicamente al sistema respiratorio del animal, ya sean: virus Parainfluenza-3 (PI-3); Herpesvirus bovino (HVB-1); Rinotraqueítis infecciosa bovina (IBR); virus respiratorio sincitial (VSR); virus de la Diarrea Bovina (BVD); Enterovirus bovino; Adenovirus bovino; Reovirus; Pasteurella Multocida; P. Haemolytica; y Mycoplasma.

El complejo causal de enfermedades tiene particularidades únicas, ya que los virus funcionan como agentes primarios que facilitan el esparcimiento de las infecciones a través de bacterias que actúan como agentes secundarios que exacerban los síntomas clínicas. Todas las neumonías presentan síntomas más o menos similares, independientemente del agente que los cause. De todas formas, es imprescindible identificar los agentes etiológicos a partir de un buen diagnóstico de laboratorio.

La dificultad de hacer una evaluación rápida y accesible conduce a cometer varios errores de difícil resolución. En este sentido, es esencial tener en cuenta que prácticas tales como el uso de instalaciones inadecuadas, el hacinamiento, la mezcla de animales con distintos estados inmunológicos, la falta de higiene y factores en la crianza como la recría, predisponen la aparición de patologías respiratorias.

El manejo de un ternero con signos de estas características dependerá de la velocidad con la que se los detecte y trate. De igual manera, lo más común es que de cada cuatro o cinco terneros que tienen cuadros clínicos semejantes, al menos uno muera.

En los sistemas de crianza en estacas y/o jaulas que se utilizan en los tambos, se debe mantener a los terneros separados entre sí para evitar que se contagien. Esta disposición también hará que sea más rápido y sencillo el reconocimiento de los ejemplares enfermos y llevará a que se instalen lo antes posible las medidas terapéuticas correspondientes.

En crianza comunitaria y con vacas ama –como sucede en experiencias de destete hiperprecoz o precoz, o alimentados con nodrizas en los rodeos de cría– donde los terneros cohabitan, los problemas respiratorios suelen presentarse con mayor frecuencia. Ante la dificultad para aislar a los ejemplares, se favorece la diseminación y el mantenimiento de enfermedades en períodos determinados. En este contexto, el ternero se vuelve más susceptible a contraer enfermedades en sus sistemas respiratorio y digestivo.

Ciertos investigadores creen que el problema actual radica en la falta de madurez del sistema inmune de los terneros, al afirmar que la misma se alcanza llegado el tercer mes de vida. No obstante, otros consideran que el sistema inmune de los animales puede estar maduro, pero sin células activas. En ambos escenarios, el ternero no responde con rapidez ante la presencia de microorganismos, sean virus o bacterias. El hecho puede agravarse aún más si no recibió un buen calostro.

La aparición de signos clínicos estará vinculada con el estado inmunológico del ternero, así como con el grado de patogenicidad y el número de microorganismos actuantes. Desde un punto de vista netamente clínico, se visualiza: depresión, decaimiento, falta de apetito, temperatura de hasta 24 grados, secreción nasal mucopurulenta, tos y lagrimeo. Además, la frecuencia respiratoria aumenta, llegando a que el ternero adopte posiciones especiales, abriendo las patas y estirando el cuello y la cabeza, para que le sea más fácil respirar.

La enfermedad dura aproximadamente treinta días; sin embargo, los terneros que sobreviven quedan muy deteriorados, debido a su marcada pérdida de peso. En el caso de que mueran, en la necropsia se evidencia que los tejidos pulmonares estuvieron en pésimas condiciones, con procesos purulentos tanto en la pleura como en los pulmones.

Al detectar terneros con esta clase de síntomas clínicos es preciso tomar medidas de control. Administrarle antibióticos que actúen sobre los microorganismos causales es uno de los tratamientos más recomendados, siempre y cuando no sean virus, ya que los agentes primarios permiten la acción de agentes infecciosos bacterianos que funcionan como agentes secundarios que potencian las lesiones y síntomas iniciales.

Elegir correctamente el antibiótico a emplear definirá el éxito o fracaso del tratamiento, por lo que se aconseja que en el diagnóstico se incluya el aislamiento de los agentes causales y un antibiograma para determinar qué método es más eficaz.

 

Estrategias de prevención y control

  • Crianza

- No reunir animales de diferente estado y/u origen, ni hacinarlos sin conocer su historia clínica.

- Vacunar a los quince y treinta días de edad si no fueron vacunadas sus madres.

- Detectar rápidamente a los ejemplares enfermos a partir de dos observaciones diarias, una a la mañana y otra a la tarde.

- Aislar a los terneros enfermos en un costado de la guachera o en corrales aparte.

- Cuidar a los ejemplares enfermos.

- En algunos casos, cambiar la ubicación de los animales en la guachera o corrales.

- Evitar que los terneros enfermos estén sueltos.

- Detectar quienes pueden estar actuando como transmisores de agentes infecciosos.

- Administrar la comida primero a los terneros sanos y después a los enfermos.

- En casos extremos, separarlos en dos lotes: sanos y enfermos y/o con posibilidades de estarlo.

- Extremar las medidas de higiene con baldes, utensilios y bebederos. En tambos o guacheras, mantener el mismo balde para el mismo animal durante toda la crianza (no mezclarlos).

- Recordar que en la crianza comunitaria las posibilidades de contagio son mayores.

- Tener en cuenta que los terneros inmunodeficientes tienen más posibilidades de enfermarse.

- En casos de neumonía de origen bacteriano, solicitar junto con el nombre de la bacteria actuante un antibiograma que indicará el mejor antibiótico disponible.

  • Recría

- Si se introducen vaquillonas de otros establecimientos, ser estricto en relación al análisis de calidad. Consultar con un veterinario para destinarles un lugar y un período de cuarentena.

- Recorrer la recría en todas sus categorías una vez por semana. Para reconocer terneros enfermos, lo mejor es llevarlos a la esquina del potrero y observarles el torax. Si presentan anormalidades en la frecuencia o amplitud respiratoria o tosen, separarlos. Una buena manera de poner en manifiesto este síntoma es haciéndolos correr durante unos minutos.

- En caso de terneras con sintomatologías respiratorias, es preferible buscar un pequeño potrero con refugio para que los animales puedan controlarse y tratarse; separar sanos de los enfermos, para evitar la cohabitación y el contagio. Para esto, se recomienda observarlos diariamente a la hora de administrarles el tratamiento y controlar su recuperación.