Jueves 02 de Abril de 2020
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Consejos para recomponer bases forrajeras

Luego de un período de inundaciones, es fundamental realizar un análisis en el suelo y evaluar la profundidad y calidad de la napa con el fin reducir pérdidas y aumentar rendimientos

Consejos para recomponer bases forrajeras
martes 19 de noviembre de 2019

Debido a que desde hace varios años los excesos hídricos vienen afectando los recursos forrajeros de buena parte de la Argentina, causando pérdidas completas de pasturas en implantación e imposibilitando la siembra de recursos de otoño-invierno para el pastoreo, es esencial que previamente se realicen controles que tengan como fin reducir los daños y aumentar los rendimientos.

Las dificultades pueden presentarse de distintas maneras: desde inundaciones totales con suelos bajo el agua, hasta suelos saturados con falta de piso y lotes con encharcamientos locales prolongados por ascenso de napa. Como gran parte de las reservas forrajeras se pierden o no pueden ser cosechadas, es necesario recomponer la oferta para que los sistemas ganaderos de la región se mantengan en el tiempo.

En el caso de los suelos bajos, no es posible realizar muchas intervenciones, ya que la permanencia de agua y la cercanía de las napas a la superficie es constante. Sin embargo, en muchos de estos ambientes una vez que el agua se retira, se recomienda evaluar la presencia de pedales y el exceso de sales.

Los niveles de sal están dados por los valores de conductividades eléctricas del suelo: si superan los veinte diecisimens por metro (dS/m) con napas cercanas a la superficie y se produce una falta de piso, se aconseja clausurar el lote y dejar que la vegetación se restablezca naturalmente, priorizando la generación de cobertura. Si por el contrario, al retirarse el agua la conductividad eléctrica es inferior a 15 (dS/m) y se establece una cobertura abundante de especies como quinoa o salicornia (entre otras), es posible pasar a una desmalezadora e intersembrar especies más tolerantes en el próximo otoño.

Si en estos ambientes el suelo logra una buena cobertura vegetal con especies como pelo de chancho o gramón, la vegetación puede controlarse con herbicidas de acción total o sembrando variedades tolerantes en el otoño siguiente. Las más apropiadas son agropiro alargado, Lotus tenuis y Festuca arundinacea.

En cualquiera de los casos, se debe hacer todo lo posible para generar y mantener la cobertura vegetal, debido a que contribuye a reducir la evaporación del agua, disminuyendo el ascenso capilar con alto contenido de sales solubles desde la profundidad del suelo.

Respecto a los recursos perennes, cuando no es posible esperar al otoño siguiente se pueden escoger siembras de pasturas primaverales. En dicho momento del año, es preciso saber si las siembras son riesgosas para reducir los daños. En este sentido, se sugiere sembrar cuando las temperaturas empiezan a subir, tratando de no retrasar el proceso más allá de mediados de septiembre, con un buen control de malezas e insectos.

En caso de optar por una siembra primaveral, se le debe prestar mucha atención al diagnóstico de cada situación a partir de un análisis del suelo que evalúe la calidad y profundidad de la napa, con el objetivo de definir el potencial riesgo de ascenso freático y la salinización de los suelos. Luego, en función de esto, se deberán definir las especies a sembrar, por lo que se recomienda: destinar pasturas base a alfalfa en lotes con bajo riesgo de encharcamiento (napa por debajo del metro de profundidad) y suelos no salinizasos (conductividad eléctrica menor a 2 dS/m) y bien provistos de fósforo (más de veinte partes por millón).

En suelos de mayor riesgo de saturación, es decir con napas por encima del metro, hay que pensar en especies alternativas –por ejemplo, festuca o trébol rojo– y realizar consociaciones con variedades que se adapten a las condiciones predominantes. Por su parte, en pasturas degradadas por encharcamiento con prevalencia de gramíneas, se pueden incorporar especies leguminosas o fertilizar el suelo sobre el final del invierno con nitrógeno.

También se puede diferir en pie el forraje que no se pudo cosechar a causa de la falta de piso por anegamiento permanente o temporal de los lotes, asignándolo a la categoría que corresponda sin olvidarse su calidad y sus desbalances proteico-energéticos.

No obstante, antes de desarrollar cualquier formulación o adquirir algún suplemento alimenticio extra, es preciso medir la calidad de las reservas confeccionadas. Las de mayor calidad deben estar destinadas a las categorías de más requerimientos, conociendo el nivel de los forrajes conservados con sus cualidades nutritivas y roles metabólicas. Para esto, existen herramientas que permiten visualizar la calidad a campo en laboratorio, que brindan una descripción eficaz de la composición química, los procesos de conservación y el valor nutricional de los forrajes conservados.

Asimismo, se puede implementar un silaje de autoconsumo, siempre y cuando se encuentre ubicado en lugares altos de los establecimientos para drenar los excesos de agua. En cualquier momento del año se puede realizar un balance de la cantidad de heno y silaje, en relación a la cantidad disponible. En este sentido, es preciso dosificar en el tiempo su uso en función de la cantidad de animales y el consumo según categorías.